¿Quién es el espectador en la danza?


Este cuestionamiento tiene un doble filo: por un lado se pregunta qué tanto es el artista, coreógrafo o bailarín, más que el público, el espectador, en la medida en que el coreógrafo para plantear su propuesta requiere de una particular capacidad de observación no solamente de los otros sino de sí mismo. No para la creación per se, si no también para identificar al tipo de público al que se está dirigiendo. Para eso debe conocer el entorno y la sociedad en la que vive.  Por otro lado, quién es realmente esa persona que permanece en la penumbra mientras el bailarín corre, salta, suda y porqué permanece en la penumbra.
Una cuestión interesante en mi formación dancística es lo poco que he oído sobre el público. Más allá de ser el origen de los aplausos, halagos (o no), y la razón principal para sostener un balance o un salto, lo más cercano a un cuestionamiento sobre la relación con el espectador es el tema (bastante recurrente y poco argumentado desde mi punto de vista) de si hacer obras para un espectador determinado o no.  Sobre quién va a los teatros a ver danza, qué tipo de danza ve, qué tanto regresa a verla o qué tanto se interesa en ella, si va para distraerse o para hacer un ejercicio intelectual de algún tipo, entre muchas otras cosas,  no he oído prácticamente nada, excepto las también recurrentes quejas en cuanto a la poca audiencia en las salas.
Este silencio en torno al tema me hace suponer que la gente a mi alrededor, coreógrafos, entrenadores, maestros, las personas con las que comparto un aula, un salón, un entrenamiento y un escenario tienen una idea más bien fantasiosa de quién es esa persona que se anima a venir a un teatro, que posiblemente paga una entrada y que invierte una hora o más  en un espectáculo que estamos dando.  Y la llamo fantasiosa porque el bailarín romántico (que es el más común), añora ser aplaudido y reconocido por ese público. El público al parecer no le significa más que ese ansiado reconocimiento que le hará saber que sí, es un buen bailarín y que no, no se equivocó de camino; sin embargo todos estos reconocimientos se vuelven nebulosos cuando nos cuestionamos quién es realmente este público.
Al menos en el caso de las escuelas especulo (porque carezco de datos concretos) que la gran mayoría de los asistentes consisten en amigos o familiares de los bailarines. Primer punto: cuando las personas que te quieren te aplauden lo hacen ¿porque eres bueno, o porque te quieren?
Cuando son compañías profesionales o performance no escolares muy probablemente encontremos a un público un poco más variado, tanto personas que no suelen acercarse al arte de ninguna manera y que cayeron en esta función por casualidad, hasta gente que va al teatro con cierta regularidad. Segundo punto: ¿es igual de “valioso” para el bailarín el aplauso de un conocedor de danza que el aplauso naïf de quien no suele asistir a este tipo de cosas?
Hablo del aplauso al bailarín para establecer un parámetro a partir del cual otorgar cierto valor a unas cosas o a otras, sin embargo estos puntos nos adentran en muchos otro que aparentemente ya no tienen nada qué ver con la danza, pero que yo considero que le atañen directamente: quien viene por primera vez a ver danza ¿regresará? Quien acostumbra acudir al teatro a ver un espectáculo escénico ¿tiene alguna clase de elemento técnico para observar este espectáculo? Entra, como mencionaba arriba, ¿para distraerse, como una diversión, viene buscando que le hablen de si mismo, que le cuenten historias, que le hagan pensar? Es más que obvio que no hay otra manera de responder estas preguntas que haciéndoselas al propio espectador, sacarlo de la penumbra en la que lo mantenemos y darle rostro y respuesta de alguna manera.
Para mi el espectador es fundamental no porque aplauda o porque pague un boleto en la taquilla ( que cada vez se vuelve un poco más difícil ), sino porque mientras el espectador conoce más, es más exigente, y su exigencia obliga en muchas maneras a mejorar la calidad de la danza, de los intérpretes, obliga a los coreógrafos a buscar maneras creativas de decir las cosas para mantener a su público. Aunque claro, ¿cómo podría el público hacerlo crecer si el bailarín se vuelve ciego y sordo a lo que este tenga que decir?. Y también hay qué decirlo, ¿cómo podría el bailarín creer en este espectador conociendo las enormes carencias respecto a la danza que este espectador en general tiene?
Nada de esto implica una descalificación de uno o de otro, o al menos no de forma directa, pero creo que un señalamiento importante sería la función de las instituciones educativas (familia-estado) en la generación de una apreciación artística. Ya no digamos de la danza o del arte contemporáneo siquiera, sino del arte en general. ¿cuál es la disposición para un concierto de música académica, para un museo?
Creo que como creadores nos hace falta cercanía con las personas que nos observan, y definitivamente creo que nos hace falta  ser nosotros mismos más observadores y por supuesto hacer las preguntas y el seguimiento de nuestros públicos de alguna manera.

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